Ha llegado el momento de ponernos de acuerdo

de_acuerdo

Ha llegado el momento de ponernos de acuerdo

14:45 15 agosto en SIDA

La pandemia por  HIV/SIDA es una urgencia de salud y una creciente crisis humanitaria, especialmente en las regiones de gran prevalencia como las del África Subsahariana, donde muchas infecciones continúan surgiendo.
Daniel T Halperin, Markus J Steiner, Michael M Cas

Publicado en el Lancet 27 nov 2004  

En el día mundial del SIDA  (1 de dic), dos décadas posteriores al descubrimiento del virus que causa el SIDA y después de muchos millones de muertes, nosotros creemos que es crítico alcanzar un consenso en el abordaje de la salud pública para la transmisión de HIV por vía sexual. Aunque la transmisión por inyecciones de drogas  continúa causando muchos nuevos contagios y va en aumento en muchas regiones, es la conducta sexual la que en forma global causa el mayor número de nuevos contagios.

La conducta sexual es influenciada por muchos factores, no siempre bajo  control del individuo, incluyendo normas de género y condiciones socioeconómicas. Sin embargo la Comunidad de Salud Pública tiene la obligación de ofrecer a la gente la mayor información segura disponible sobre cómo evitar el HIV y de motivar los cambios en las normas de la sociedad para reducir la propagación del virus.

Por lo tanto la prevención debe engarzar múltiples elementos integrados, incluyendo la facilitación para expandir los accesos a tratamientos, fomentar o inducir el cambio o mantenimiento de conductas que coadyuven a evitar el contagio o disminuir el riesgo de contagio, estas deben de permanecer como lo más importante para la prevención de el contagio por HIV.

Nosotros hacemos un llamado para poner fin al debate que ha polarizado ha la comunidad mundial y urge a la comunidad internacional a unirse alrededor de una iniciativa que incluya un abordaje basado en evidencias con el propósito de disminuir la propagación de la transmisión del HIV por contagio sexual sobre la base de las siguientes claves o principios:

Primero  los abordajes programáticos deben de ser endosados y comprendidos localmente , sobre todo en el contexto socio cultural indigenista 1 y respeto sobre todo a sus derechos humanos 2 Las intervenciones deben siempre estar dirigidas principalmente a las causas u orígenes de nuevas infecciones 3  concentrándose en los grupos de más alto riesgo como el del comercio sexual1.3,5 o bien la más alta diseminación a través de múltiples parejas en la población general.5,7

Segundo, el A B C (Abstinencia, (Be faithful) fidelidad o la reducción a una sola pareja sana  y el uso de condones) Este abordaje puede jugar un rol importante en la reducción de la prevalencia de la transmisión del HIV en una epidemia generalizada, como ha ocurrido en Uganda.8,13  Todos estos elementos son esenciales en el abordaje para reducir la incidencia del HIV, sin embargo el énfasis de cada elemento tendrá que variar de acuerdo a la población blanco.

Por consiguiente la totalidad de los programas deben incluir en forma apropiada una mezcla balanceada de las intervenciones en el A ,B  y C, no es esencial que cada organización promueva todos los tres elementos, cada organización puede hacer lo que quiera, pero lo que es esencial es que a cada individuo se le debe facilitar que  conozca perfectamente los tres elementos para promover la prevención.

Así cuando el grupo blanco son la gente joven o aquellos que no han iniciado su vida sexual aún, se debe hacer gran énfasis en la abstinencia o en dilatar lo más posible el inicio de dicha actividad sexual, por lo tanto este énfasis de evitar el riesgo será el mejor camino para prevenir el contagio de HIV o cualquier otra enfermedad de transmisión sexual, así como la prevención de embarazos no deseados.14 Después del debut de la actividad sexual, el retorno a la abstinencia o bien la fidelidad a una pareja no infectada se consideran las  evidencias  más efectivas para evitar la transmisión del HIV.

Para aquel grupo de gente joven que es sexualmente activa se les debe informar del correcto uso del condón disminuye el riesgo (sin eliminarlo en su totalidad) de la transmisión del HIV (de este grupo solo el 80 a 90 % mencionan que “siempre lo usan”13,15) y de varias otras enfermedades de transmisión sexual así como el embarazo, este grupo debe de ser informado acerca de los riesgos de la inconsistencia de su uso y de las posibles fallas de este. Las campañas de prevención para jóvenes dentro y fuera de la escuela deben de ser extensas, inmiscuyendo a los padres en la comunicación de los valores y expectativas acerca de la conducta sexual.

National AIDS Trust (NAT) Virtual Red Ribbon campaign

La caridad BRITÁNICA NACIONAL está llamando a 7000 negocios y  organizaciones para usar una cinta roja virtual en su website para Dic 1, considerado el día mundial del SDA. Así como cada sitio virtual del SIDA del mundo representarán a LAS  7000 personas que cero positivos para el VIH en el Reino Unido en 2004. La cinta roja se puede descargar libremente de http://www.worldAIDSday.org y usar en su website o como firma del email como muestra de la ayuda para la lucha global contra el VIH y el SIDA.

Cuando el grupo blanco sea de adultos sexualmente activos, la primera prioridad debe ser promover la  fidelidad mutua con una pareja no infectada como la mejor manera de asegurar el evitar  la infección del VIH. La experiencia de los países en donde el VIH ha declinado sugiere que la reducción de las parejas (promiscuidad)  es de central importancia epidemiológica para la obtención de los mejores resultados en la disminución de  la gran  incidencia del VIH, en la población general y en donde más se concentra la  epidemia. 9,11-13 que tiene un socio sexual cuyo estado de portador de VIH es desconocido  debe motivarse  también a que practique el uso correcto y constante del condón y busque el asesoramiento así como el examinarse para la detección del HIV junto con su pareja.

Cuando el grupo blanco es de un gran riesgo de exposición a infectarse con el HIV (comercio sexual, múltiples parejas (promiscuidad) relaciones sexuales anales con parejas de alto riesgo, o relaciones sexuales con personas conocidas como portadores del HIV o cualquier otra enfermedad de transmisión sexual), la primera prioridad en esta población deberá ser el promover el correcto y consistente uso del condón, así como la promoción de cualquier conducta que evite la posibilidad de contagiarse entre estas parejas.

La identificación de las personas de alto riesgo a contagiar y su marginalización es crucial para disminuir la propagación de esta epidemia. 2 particularmente (pero no solamente) en epidemias mayormente concentradas donde cada población cuenta con una gran cantidad de personas infectadas. Se considera critico el expandir la promoción de las campañas de prevención designadas específicamente a las personas que conviven con los portadores del HIV o que padecen el SIDA.

Luis Ochero fue en 1988 fue el líder de la División de Educación para la Salud  en la campaña nacional de Uganda para el control del SIDA que promovía el “zero grazing” (promoción de nuevas normas de comportamiento sexual, Luis murió en 1990. Uganda basó su abordaje para la solución del problema con la inclusión de asociaciones de hombres y mujeres, grupos de ayuda, organizaciones de trabajadores de la salud, medios de comunicación, grupos religiosos y todos ellos junto con el liderazgo del gobierno pudieron reforzar nuevas normas de comportamiento sexual, como ocurrió con el exitoso programa del “ZERO GRAZING STRATEGY” (fidelidad y reducción del número de contactos) en Uganda. 1,8,12,16,17.

Los programas preventivos necesitan ser diseccionados a temas como: Estigmas, inequidad de genero, coerción sexual, relaciones en el cruce de generaciones y sexo transaccional 12,17,20 y directamente involucrar a las personas que viven con  portadores de HIV/SIDA , en orden para maximizar los alcances de los objetivos de los cambios de conducta sexual necesarios para reducir los niveles de incidencias de nuevos portadores de HIV en la población.

Para alcanzar los objetivos de la prevención, cuidado y tratamiento, incluidos en las metas para la reducción de contagios de HIV en mujeres y niños, especificados en la Declaración de la Seción especial de la  Asamblea General de las Naciones Unidas, el plan presidencial de emergencia para el SIDA de Estados Unidos, las metas de desarrollo para el milenio y otras iniciativas internacionales.
La comunidad mundial necesita ampliar de manera importante los accesos para las pruebas para el HIV, consejo eficaz y tratamiento para el HIV/AIDS y para otras enfermedades de transmisión sexual, prevenciones de transmisión de enfermedades madre a hijo etc..21

Tenemos que dar una gran importancia a los nuevos casos de HIV y dar un gran valor a todo lo que pueda ayudarnos a detener esta epidemia como microbicidas y otros métodos de control femeninos, tratamientos para el herpes genital y otras enfermedades por contacto sexual, la circuncisión masculina y vacunas deben de ser continuamente revisadas para incluirlas en los programas de prevención para el HIV/AIDS, mientras se continúa con todos los esfuerzos necesarios como el incidir en los cambios de conducta sexual. Es tiempo para dejar las polarizaciones y movernos juntos en un gran esfuerzo para la implementación de programas preventivos basadas en la evidencia  para ayudar a reducir los millones de nuevas infecciones que ocurren cada año

Daniel T Halperin, Markus J Steiner, Michael M Cassell, Edward C Green, Norman Hearst, Douglas Kirby, Helene D Gayle, Willard Cates

The following endorse this statement, although listing of institutional affiliations does not imply that these organisations do so:

Quarraisha Abdool Karim and Salim Abdool Karim, University of KwaZulu-Natal, South Africa; Mohamed S Abdullah, Aga Khan University, Kenya; Yigeremu Abebe, Alert Hospital, Addis Adaba; Michael Adler, University College of London; Saifuddin Ahmed, Johns Hopkins University; Milton Amayun, World Vision International; Judy Auerbach, American Foundation for AIDS Research; Antoine Augustin, MARCH, Haiti; Bertran Auvert, University of Paris; Olusegun Babaniyi, WHO, Ethiopia; Robert C Bailey, University of Illinois at Chicago and UNIM Project, Kenya; Bishop Joshua Banda, Assembly of God Church, Zambia; Edward Baralemwa, Pan African Christian AIDS Network, Botswana; Alvaro Bermejo, International HIV/AIDS Alliance; Jane Bertrand and Robert Blum, Johns Hopkins University; Godfrey Biemba, Churches Health Association of Zambia; Daraus Bukenya, African Medical and Research Foundation (AMREF); Gideon Byamugisha, World Vision, Uganda; Jack Caldwell, Australian National University; Sharon Camp, Alan Guttmacher Institute; Martha M Campbell, University of California, Berkeley; Michel Carael, Free University of Brussels; Ken Casey, World Vision International; James Chin, University of California, Berkeley; Vuyelwa Chitimbire, Zimbabwe Association Church Related Hospitals; Brian Chituwo, Minister of Health, Zambia; Peter Clancy, Population Services International; Amy Coen, Population Action International; Myron Cohen, University of North Carolina; Nicholas Danforth, Brandeis University; Charles DeBose, AFRICARE; Nafissatou Diop, Population Council, Senegal; Christopher J Elias, PATH; Wafaa El-Sadr, Columbia University and Harlem Hospital; Paul Farmer, Harvard University; Tori Fernandez Whitney, Church World Service; J Peter Figueroa, Ministry of Health, Jamaica; Janet Fleischman, Center for Strategic and International Studies (CSIS), and the Global Coalition on Women and AIDS; Virginia D Floyd and Erick V A Gbodossou, Promotion des Medecin Traditionnelle (PROMETRA); Knut Fylkesnes, University of Bergen; Sue Goldstein, Soul City, South Africa; C Y Gopinath, PATH, Kenya; Ronald Gray, Johns Hopkins University; Heiner Grosskurth, Medical Research Council and Uganda Virus Research Institute; Geeta Rao Gupta, International Center for Research on Women; Catherine Hankins, UNAIDS; Richard Hayes, London School Hygiene Tropical Medicine; King K Holmes, University of Washington; John Howson, International HIV-AIDS Alliance and Health Communication Partnership; Douglas H Huber, Council of Anglican Provinces of Africa; Jokin de Irala, Universidad de Navarra, Spain; Jesse Kagimba, Office of the Presidency, Uganda; Jean Kagubare, National University of Rwanda; Noerine Kaleeba, TASO, Uganda and UNAIDS; Sam Kalibala, International AIDS Vaccine Initiative; Anatoli Kamali, Medical Research Council Programme, Uganda; Shivananda Khan, Naz Foundation International; Jim Y Kim, WHO; Leon Kintaudi, Church of Christ, Congo; Steve Kraus, UNFPA; Marie Laga, Institute of Tropical Medicine, Antwerp; Peter Lamptey, Family Health. International; Jay Levy, University of California, San Francisco; Stephen Lewis, UN Special Envoy for HIV/AIDS in Africa; W Meredith Long, World Relief; Daniel Low-Beer, Global Fund to Fight AIDS, Tuberculosis and Malaria, and Cambridge University; Joe L P Lugalla, Centre for Social Policy and Health Promotion, Tanzania; David Mabey, London School Hygiene Tropical Medicine; Matilde Maddaleno, PAHO/WHO; Elizabeth Madraa, Ministry of Health, Uganda; Bunmi Makinwa, UNAIDS, Ethiopia; Ray Martin, Christian Connections in International Health; Rafael Mazin, PAHO/WHO; Sheena McCormack, Medical Research Council, UK; Negatu Mereke, HIV/AIDS Prevention and Control Office, Ethiopia; Ruth Messinger, American Jewish World Service; Serara Mogwe, University of Botswana; Stephen Moses, University of Manitoba; Antonio de Moya, Presidential Council on AIDS, Dominican Republic; Roland Msiska, UNDP, South Africa; Joia Mukherjee, Partners in Health; Elaine M Murphy, George Washington University; President Yoweri Museveni, Uganda; Samuel Mwenda, Christian Health Association of Kenya; Vinand M Nantulya, Global Fund to Fight AIDS, Tuberculosis and Malaria; Jekoniah Ndinya-Achola and Ruth Nduati, University of Nairobi; Angela Obasi, Liverpool School of Tropical Medicine; Sam Okware, Ministry of Health, Uganda; Ana Oliveira, Gay Men’s Health Crisis; Kevin O’Reilly, WHO, Emmanuel Otolorin, JHPIEGO, Zambia; Nancy Padian, University of California, San Francisco; Bill Pape, GHESKIO, Haiti; Warren Parker, CADRE, South Africa; Ken Pearson, Christian HIV/AIDS Alliance, UK; Eddy Perez-Then, National Research Centre of Maternal and Child Health, Dominican Republic; Elizabeth Pisani, Family Health International, Indonesia; Nana Poku, Commission on HIV/AIDS and Governance in Africa; Malcolm Potts, University of California, Berkeley; Thomas Quinn, Johns Hopkins University; S Y Quraishi, National AIDS Coordinating Office, India; William W Rankin, Global AIDS Interfaith Alliance; Celso Ramos, Universidade Federal do Rio de Janeiro; Helen Rees, University of Witwatersrand, South Africa; Eugene Rivers, Azusa Christian Community, Boston; Allan Rosenfield, Columbia University; David A Ross, London School of Hygiene and Tropical Medicine; Sam Ruteikara, CHUSA and Anglican Church of Uganda; Jorge Sanchez, IMPACTA, Peru; Mauro Schechter, Universidade Federal do Rio de Janeiro; Anton Schneider, Academy for Education Development; Nelson Sewankambo, Makerere University; Olive Shisana, Human Sciences Research Council, South Africa; Roger Short, University of Melbourne; Arvind Singhal, University of Ohio; Vicente Soriano, Carlos III Hospital, Madrid; Femi Soyinka, Obafemi Awolowo Univerity, Nigeria, and Chairperson, International Conference on AIDS and STDs in Africa (ICAASA), 2005; Martin Ssempa, Makerere Community Church of Uganda; Rand Stoneburner, Cambridge University; John Stover, Futures Group; Jean Paul Tchupo, IRESCO, Cameroon; Archbishop Desmond Tutu, Anglican Church of Southern Africa; C Johannes van Dam, Population Council; Valdilea G Veloso, Oswaldo Cruz Foundation, Rio de Janeiro; Mechai Viravaidya, Population and Development Association, Thailand; Derek von Wissell, National Emergency Response Council on HIV/AIDS, Swaziland; Catharine Watson, Straight Talk Foundation, Uganda; Debby Watson-Jones, AMREF Tanzania and London School Hygiene Tropical Medicine; Alan W Whiteside, University of KwaZulu-Natal, South Africa; David Wilson, World Bank; Teferra Wonde, WHO, Ethiopia; Godfrey Woelk, University of Zimbabwe; Debrework Zewdie, World Bank; Paul Zeitz, Global AIDS Alliance; R Timothy Ziemer, World Relief; Isabelle de Zoysa, WHO.

We especially thank Tom Fitch, Joe McIlhaney, and others of the Medical Institute for originating the process of bringing together individuals from different backgrounds and views to search for common ground in HIV prevention, and for providing important input on early drafts. In addition, David Stanton, Anne Peterson, Constance Carrino, Helen Epstein, Susan Cohen, Jeff Spieler, Glenn Post, Kate Crawford, John Douglas, Moira Killoran, and Cynthia Kay provided valuable comments and input.